Los Cineclubes una pantalla intermitente

En la actualidad los cineclubes tanto en Medellín como en Colombia atraviesan por una etapa llena de contrastes y ambigüedades. La profunda acogida y apropiación de estos espacios, por parte de cuanto enfermizo cinéfilo, visitante anónimo o suertudo desparchado, contrasta con la otra cara de esta realidad, es decir, la confusa situación tanto legislativa como logística, que estos espacios culturales padecen día a día en cada sala, salón, corredor, cancha, acera y rincón de nuestra ciudad.

Desde la época dorada en Medellín con Alberto Aguirre, Iván Amaya y René Uribe Ferrer con el Cine Club de Medellín (1956) y más tarde con la aparición de Francisco Espinal y Jorge Farberoff y la Cinemateca “El Subterráneo” (1975) hasta nuestros días. Es mucha el agua que ha corrido debajo del puente.

Si antes en la Colombia de los sesentas, pertenecer a un cineclub era sinónimo de pertenecer, de alguna forma, a una élite intelectual y académica, hoy día es tal la oferta de cineclubes en nuestra ciudad, que basta con formar un pequeño grupo de aficionados, trasnochados e interesados por el arte del buen cine, dirigir una carta a la dependencia cultural de la universidad a la cual pertenecen y por arte de magia nace otro cineclub en la ciudad. Pero esto ya es otro cuento más de carácter burocrático.

Publicaciones cineclubes foto por: Jorge Ovidio Arboleda.

Publicaciones cineclubes foto por: Jorge Ovidio Arboleda.

Aquí en Medellín como en otras ciudades de Colombia el problema esta en la confusa y nublada legislación que se tiene o que más bien no se tiene con respecto a los derechos de exhibición para estos espacios. La ley de cine (ley 814 de 2003) expedida por el ministerio de cultura no es muy clara al respecto y más que eso no define ni nombra nada parecido al vocablo cineclub.

La ley 814 del 2 de Julio de 2003 fue creada para fomentar la producción de material cinematográfico en el país y por la cual se filtra todo lo relacionado con la industria del cine en Colombia, ya sea la distribución, producción y exhibición de este tipo de material audiovisual. Por no haber ningún tipo de referencia, mención o alusión a los cineclubes a lo largo de esta ley, estos se enmarcan bajo la figura de exhibidores de cine, que según esta ley “tienen a su cargo la explotación de una sala de cine o sala de exhibición, como propietario, arrendatario, concesionario o bajo cualquier otra forma que le confiera tal derecho” (Exhibición en salas, Ley de Cine, pág. 14) desconociendo en esencia el carácter cultural, educativo y académico de los cineclubes y que en principio son la razón de su existencia.

En Medellín existen alrededor de 50 a 60 cineclubes establecidos con programación constante entre universidades, corporaciones, teatros, bares, etc., sin contar las decenas que nacen y mueren cada año. Según Adriana Rendón Ríos, Coordinadora Cultural de los cineclubes en la Universidad de Antioquia “es muy frustrante para esta clase de espacios, estar en esa cuerda floja ya que en vez de apoyar esta clase de actividades poco a poco se cierran las posibilidades de oferta cultural en este sentido”.

Al respecto Bienestar Universitario de la Universidad de Antioquia comparó la oferta de cineclubes de 2008 con la de este año, mostrando que la creación de este tipo de oferta cultural ha decaído un 15% aproximadamente. Es decir, que cada vez se cierra más la oferta para las personas que no quieren estar pendientes día y noche de cuanta TV. encuentran en vitrinas, corredores, casas, habitaciones para seguir en detalle a 22 fulanos y un balón ó a las retostadas propuestas de nuestra TV. criolla.

Jenny Alexandra Chaverra miembro del cineclub Pulpmovies explica: “El problema no es si las distribuidoras llámese Babilla, Centauro, Cineplex, Cinecolombia o cualquier otra, tengan los derechos de las películas, el asunto es que espacios como los cineclubes tendrían que tener privilegios o excepciones por tratarse de actividades enfocadas al desarrollo intelectual, cultural, educativo y académico, y además por tratarse de actividades sin animo de lucro, ya que son completamente gratis”.

Otra cosa son las dificultades logísticas y de publicidad que sufren estas propuestas culturales, ya que en la mayoría de los casos son los propios miembros de estos grupos de cinéfilos, quienes costean todo lo relacionado con la publicidad (afiches, volantes, programas de mano, spots televisivos, etc.)

Claudia Palencia foto por: Jorge Ovidio Arboleda.

Claudia Palencia foto por: Jorge Ovidio Arboleda.

Claudia Palencia Coordinadora del programa de cine del Centro Colombo Americano sede Medellín explica: “aquí en el Colombo operan básicamente tres cineclubes (Pulpmovies, Cinema Zombie, Kinetoscopio) y dos propuestas audio visuales(Exhibición Alternativa-Realizadores Antioqueños y recomendados de la videoteca) todos ellos reciben ayuda, ya sea para afiches en el caso de Pulpmovies, volantes, folletos y fanzines en Cinema Zombie y para kinetoscopio la ayuda es mayor con el desarrollo de la revista “Kinetoscopio”(…) estos cineclubes son de carácter gratuito y nacieron con la intención de formar al publico para observar otra clase de cine alterno al cine convencional de las salas comerciales”.

Si por un lado la ley 814 de 2003 del Ministerio de cultura no es clara al brindar privilegios y beneficios para estos espacios culturales; y en vez de apoyarlos parece poner cada vez más limitaciones, por otro lado empresas de distribución como Cineplex y Babilla extienden poco a poco su monopolio acaparando los derechos de exhibición de cuanta cinta cruza estos parajes sin brindar privilegios a actividades de educación y cultura como son las que desarrollan los cineclubes.

Álvaro Vélez foto por: Jorge Ovidio Arboleda

Álvaro Vélez foto por: Jorge Ovidio Arboleda

“La cosa es que este tipo de actividades no deberían caer en manos de intereses económicos, ya que por ser de carácter gratuito, se cumple con una función tanto social como cultural, al brindarle a la gente otra opción diferente, de entretenimiento, y porque no, de conocimiento” aclara Álvaro Vélez miembro del cineclub Cinema Zombie.

Al final y en medio de este malentendido, si así se le puede llamar, sólo quedan estos jóvenes e ingenuos espacios de propuestas alternas, que en resumidas cuentas, terminan asfixiándose entre uno y otro mastodonte empresarial o gubernamental a medida que el cerco se cierra y la oferta cultural cada vez es menos diversa.

La ambigua situación de los cineclubes hoy día, es similar a la experiencia de apagar un viejo televisor de tubos, de esos de hace más de veinte años. Primero te quedas mirando la pantalla y por un pequeño lapso, se torna intermitente y después se va poco a poco yendo la imagen hasta reducirse a un punto, y este a la vez se hace más y más pequeño hasta desaparecer y solo queda el reflejo del sonido agudo de la electrostática en los oídos. Pero entonces en manos de quien, queda la tarea de aclarar “este gran mal entendido”, pues hacernos los locos será porque al fin y al cabo ¡a quien le importa! Cuando estos espacios desaparezcan a mi, a ti ¿a quien?.

Published in: on abril 22, 2009 at 6:49 pm  Dejar un comentario  

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